La entrada al volcán de San Antonio  es de 5 euros. En el centro puedes ver un interesante vídeo del volcán y una exposición sobre los volcanes, la lava y una explicación de la última erupción en 1971. Hay un simulador de terremotos, para que sientas la vibración por todo el cuerpo.

Este día no era muy soleado, llovía un poco. Nos dimos prisa para ver el cráter del volcán de San Antonio. El paseo es corto, pero el cráter es maravilloso, muy bien formado, visitable por su cresta. Se trata de un volcán relativamente joven, en su interior se encuentran árboles relativamente jóvenes. La vista de Fuencaliente y del mar es impresionante.

Después hicimos la ruta del volcán de Teneguía. El camino se encuentra a la derecha bordeando el centro hacia abajo. Nos dijeron que eran unas dos horas, pero era más. Aunque a mí me pareció precioso. Salen varias rutas desde allí. Una que va al Faro que nosotros no llegamos y otra que iba a los Volcanes. Es una ruta fácil pero tienes que estar acostumbrado a caminar por gravilla. Además ese día había mucho viento y hay que tener cuidado. Llevar agua y comida y algo de ropa de abrigo y calzado adecuado. El camino de ida es de bajada, pero el de vuelta es de subida, así que mi marido subió a por el coche y yo fui caminando al municipio, haciendo fotos a los árboles frutales: papayas, aguacates.

He de decir que la isla está llena de plantaciones de bananos con sus invernaderos y sus bloques de cemento al lado de la playa y otro cultivo son los viñedos. Hay vinos autóctonos como el de Teneguía; puedes visitar la Bodega que está en el municipio de Fuencaliente.

Cómo llovía mucho nos fuimos a tomar algo y comprar unas almendras garrapiñadas en el bar Parada, un clásico y también venden el vino de Teneguía.

Y conducimos hasta La Playa Los Cancajos. Allí lucía el sol, nos dimos un baño y  paseamos por las rocas para ver las nécoras como se agarraban a ellas y cuando intentabas pescarlas se iban corriendo o se lanzaban al mar, son muy escurridizas; tras varios intentos abortamos la misión.

Cenamos en el Restaurante que está en la playa, El puerto, unas papas arrugadas con su mojo, choco ( sepia) y unos calamares. Todo riquísimo. Y no llegó a 30 euros para los dos.

Volvimos a Santa Cruz para dar un paseo por la Avenida Marítima y ver los balcones de madera  con sus fachadas de diferentes colores repletos de plantas, son el mejor conjunto de edificios conservados de Canarias. Es un recurso ideado para la ventilación de las viviendas de dos o más plantas de la  calle principal ( O’ Daly y Pérez de Brito) por su parte trasera, el lado de la marina desde donde gozaban de los vientos alisios, frescos y húmedos, de dirección norte o noreste. Muchos de ellos cuentan en los extremos con un tablero de cubrición donde estaban los retretes, cuyas aguas fecales caían a la calle para  desembocar en  la orilla del mar. No te los debes perder. Tampoco debes perderte la calle paralela que es la calle Real con sus  espléndidas casas coloniales de estilo portugués y    sus delanteros patios.

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here